Bernardo Fandiño, rector del colegio en que me gradué nos decía que a este país lo que le falta es educación. Petro anda diciendo que su objetivo es que todo joven salga de once y tenga la oportunidad de la vida profesional. Yo creo que vuelve a equivocarse.
A mí me parece un poco estúpido pretender que todos sean profesionales en Ingeniería, medicina, arquitectura, artes plásticas, diseño o cuanta cosa sea posible estudiar en una universidad o garaje reformado. Yo veo un problema más serio: devolverle la dignidad a todos esos trabajos que no tienen un título colgado en la pared: zapatero, albañil, obrero, carpintero, jardinero, bombero, lavavidrios.
Hace poco empecé a tener líos con la policía. Confieso que profeso un odio y repulsión profundos contra toda persona que elija un arma como proyecto de vida. La puerta de la panel se abrió y subía un viejo que bebía cerveza en la vía pública, camuflada en una botella de plástico verde. El policía, como si su oficio fuera digno, le pregunto en el peor tono posible al señor –¿Cuál es su profesión?- - lavavidrios. Con el tono fuerte que sólo da la calle y la vida triste y dura, con muchísima más dignidad que ese tipo que horas más tarde recibiría un pago de mi abogado para que dejara de pensar porque me había metido ahí.
Pero el tema es otro. El tema es que en Colombia no valoramos a esa gente que no pudo o no quiso ser profesional; acá solo importa que tengan un título colgado en una pared así manejen taxi. Por eso creo que el problema no es que todos puedan profesionalizarse sino que todos puedan dignificar su oficio, sea cual sea. Que a la persona que ayuda con el aseo de nuestras casas se la trate como lo que es: la dueña de su propio negocio, cosa que muchos por acá no son; también es cierto que no todos nacen para ser empresarios. Qué bueno será este país cuando todos, haciendo lo que saben o quieren hacer puedan tener una vida digna sin tener que posar necesariamente con un título, que es más de la institución que de quien lo ejerce.
Así que cada día me convenzo más de que es educación lo que hace falta, lo malo es que todos confunden educación con tiempo en las aulas, y tampoco es por ahí el asunto.




