caycedo

Soy un pequeño hombre de pueblo que nunca vivió fuera de su país, que encontró un día una libreta de Field Notes y más tarde la perdió

Hay una calle, una callejuela que se pierde hacia allá serpeando suavemente. El piso color ocre o sepia, seguro se trata de una foto. Es de ladrillos grandes y redondos. Es angosta y flanqueada por casas viejas de materas y flores en las ventanas. Se ve el brillo del sol en los turupes del adoquinado, en los dinteles. De una ventana abierta sube un rumor de melodía, ese rumor arrabal del tango o de otra cosa. Se oye lejos, como si subiera desde un altoparlante roto, desde el fondo de un agujero.

Esa es más o menos la sensación de música que me gusta. No es ni la letra ni la melodía, es que suene así como perdida en la mañana, tan aguda como lejana. Como cuando pasaba la noche en casa de mis abuelos y en la mañana sonaba, cual si fuera un despertador, la música que mi tía ponía en su radio reloj.Una voz gruesa y queda daba noticias, o anunciaba el clima y sonaba la música así: lejana, aguda, indistinguible.

El último año, que viví en Palermo,tenía unos parlantes de mala calidad conectados a un moderno tornamesa. Llegaba de tarde al apartamento, ponía a hervir agua para un té y me sentaba a mirar al cerro, a veces solo, a veces con ella, a veces leía. Tomaba el té caliente y tarde en la noche ponía a girar un disco. “fin” parecía que decía. Y sonaba Luna Tucumana cuando ya estaba en la cama, y así se iba la noche.

Hoy descubrí que me gusta ese sonido. ese efecto que lo vine a escuchar de nuevo en el iPod de una amiga y me dieron ganas de apagar la luz y tirarme de nuevo al suelo a nada más que imaginarme esa callecita vieja de casas empedradas con materas en las ventanas, desde donde sube un rumor de melodía.

1 year ago